jueves, 22 de agosto de 2013

el frisbi-golf

Aprovechando los últimos días de verano acompañados por las gotas de lluvia imposibles de olvidar en este país, nos hemos ido a un parque en Dortmund lleno de cosas raras. Saltos en tirolina, juegos infantiles prohibidos por las normas españolas sobre arena en lugar de losas de PVC con certificado CE y un maravilloso lago en el que la ducha es obligatoria al salir y no al entrar.

Nos hemos ido con el objetivo de jugar al frisbi-golf, que tal y como su nombre indica se trata de una mezcla entre el frisbi y el golf. Y por muy estúpido que pueda parecer, nos hemos encontrado con auténticos profesionales cargados con una mochila de frisbies de diferentes alcances, colores y peso.

Bueno, os explico en qué consiste para los aficcionados como nosotros. Nos fuimos a uno de los quioscos del parque y alquilamos un juego de frisbis para cada uno (un juego de frisbis consiste en un frisbi gordo para distancias cortas y otro más aerodinámico para distancias largas). Distribuidos por todo el parque y mezclados con las diferentes atracciones que el parque ofrece, se encuentran 12 cestas metálicas y líneas de tiro que son los supuestos "hoyos". Con los frisbis te dan un papel en el que anotas el número de veces que has tenido que tirar el frisbi para encestarlo en el hoyo. Por supuesto, igual que en el golf hay territorios penalizadores y ese tipo de cosas de las que yo no tenía ni idea.

Es muy divertido, raro y diferente, pero altamente recomendable. No perdais la oportunidad de visitarlo. Os dejo el link: Revierpark





martes, 20 de agosto de 2013

Desde la ventana

Mi ventana da al jardín de enfrente. He estado quitando fotos desde ella (con el movil, la calidad se aprecia) para mandaros el tiempo de Dortmund en cada momento. Hoy toca recopilación del paso del tiempo. Las estaciones del año en una imagen. Echaré de menos estas vistas...


sábado, 10 de agosto de 2013

Sobre ciclos, autobuses y habitaciones

Hace ya más de un año, os hablaba del miedo. MIEDO con mayúsculas en aquella primera entrada del Diario Verde. Miedo a lo desconocido, al verme perdida en un mundo totalmente nuevo, con otras normas, otros valores... miedo a la soledad. Dolían por aquel entonces las despedidas, y es que las despedidas siempre duelen.

En cosa de una semana (o dos) me tocará despedirme de mucha gente. Gente que dejaré atrás sabiendo que ya han cumplido su papel en mi vida, gente a la que le prometeré visitas sabiendo que nunca llegarán y gente con la que las palabras serán innecesarias y que echaré de menos toda la vida.

Estas últimas son las que ocuparán el 90% de mis lágrimas antes de la partida y más de la mitad de las del resto de mi vida. Son la gente cuyos nombres dan título a este capítulo que se cierra. Gente difícil de dejar e imposible de olvidar.

Decía una buena amiga que la vida Erasmus es una vida de fantasía. Gente con la que vives una ficción común que termina abruptamente. Gente de la que te olvidarás en cuanto vuelvas a la rutina de tu vida en el mundo real y que desaparecerá tan rápido como lo hacen los sueños al despertarse. Temo que sea cierto y me sorprendo a mi misma pensando que si esto es así no quiero despertar.

Siempre que una situación como esta llega, busco una comparación que me ayude a comprender el sistema en el que se organiza la vida. He leído, escuchado y discutido sobre cuál es la mejor comparación y no hay ninguna que me convenzca del todo. Muchos son los que hablan del autobús, con gente que se sube y baja de tu vida en cada estación. Se dice que son ciclos que se repiten, que al final te dedicas a vivir situaciones parecidas una y otra vez y a tener dejavús en los momentos menos inesperados. Y otra de las teorías es la de que está compuesta por habitaciones de diferentes tamaños que atraviesas y que se corresponden con las etapas de tu vida.

Quizás la palabra "vida", tal y  como ocurre con "amor", sea una de esas palabras sin definición.