jueves, 11 de abril de 2013

La primera "herencia" Erasmus

Pensé que no lo llevaría tan mal. La primera despedida de un Erasmus, quiero decir.

Silvia se fue. Para Italia. País del que llegó en Septiembre tan perdida como todos. Nos conocimos el tercer o el cuarto día, en el primer encuentro de los estudiantes extranjeros. La gente con la que llegué a dicho encuentro no fue la misma con la que lo terminé. Y me alegro de que no hubiese sido así.

Estaban ellas tres juntas, hablando de cualquier tontería y llegué yo, y me uní. Desde ese momento la palabra  "no" se borró de nuestro vocabulario. Y ese fue el inicio de una multitud de aventuras.

La despedida de Silvia duró casi una semana. Hubo fiestas, cenas, viajes y sorpresas para todos. Y lágrimas. Muchas.

La última noche, después del último tiramisú, la pasé con Serkan. En el sofá, con un paquete de clinex al lado y recordando tantas aventuras juntas. Fue en ese momento cuando me dí cuenta de que este mundo, es un mundo con fecha de caducidad. Todos tenemos una fecha en la que todo terminará. Dice Serkan que eso es algo bueno, que no es en absoluto malo ya que nos da la oportunidad de despedirnos de una manera adecuada. No pasa lo mismo con la gente del mundo real. Nunca sabes cuando terminará y de qué manera, pues es en su mayoría por enfados, cabreos y malos entendidos.

Recuerdo de nuevo ese relato que escribió Nacho (Supercoco) en su momento y que tanto me ha perseguido (aquí).

Y claro, ¿Que pasa con todas esas cosas que Silvia tenía acumuladas en su habitación cual síndrome de Diógenes? Pues se reparten tal y como se hace con las herencias. Solo que esta herencia se reparte en vida. Hace tiempo que yo le tenía el ojo echado a una gran caja de cartón tamaño mesa que Silvia robó de la mensa. Por supuesto me la pedí. Pero también se la pidió Davide (novio de Silvia) tan solo por eso de ponérmelo dificil. Me hizo "luchar" por la caja. De hecho nos "peleamos" por la caja con una guerra de pulgares, la cual gané.

Ahora la caja está en mi habitación, y supongo que será la herencia de otras muchas personas en sucesión. Como tantos sofás en las cocinas de los Erasmus. Sofás que van pasando de Erasmus en Erasmus, acumulando grasa y polvo que los convierten en increíblemente cómodos.

Se echará de menos el café de moka a las 10 de la mañana los sábados, esperando a que Silvia se duchase para ir al Flohmarkt (1). Y las carreras por el "shortway"(2) hasta la estación del S1 (3).



(1) Mercado de pulgas
(2) Camino salvaje que se convierte en barrizal a temperaturas superiores a 0ºC y que une mi residencia con el campus
(3) Tren que une el campus con Dortmund y Düsseldorf.

No hay comentarios:

Publicar un comentario